lunes, 5 de diciembre de 2011

Música? Y para qué?



La educación gratuita ha sido el gran tema de este año que se va. Una situación que se viene arrastrando de años al fin ya no ha dado más de sí, y el asunto terminó por reventar. La gente ha salido a pedir una mejora en el sistema, y los que manejan el sistema no han querido dar una solución (la única solución), porque si lo hacen se les acaba el negocio.
Con todo lo mediático que ha sido este movimiento, con toda la cobertura que ha habido en los medios, el gobierno (con esa mentalidad de gato de campo que caracteriza a la clase política chilena) nos mete un gol a todos por debajo y nadie se da cuenta, o mejor dicho, todos se hacen los hueones: se ha decidido reducir las horas de educación artística en los colegios. En los colegios que no la pueden costear obviamente, porque en los colegios donde estudian los hijos de nuestros políticos, muchos de los cuales ya deben tener asegurada alguna candidatura por ahí, esos colegios digo, evidentemente van a seguir teniendo música y arte en general, porque son colegios top.
A mí en realidad no me sorprende en lo absoluto que nadie (nadie conocido y con alguna cuota de poder) se pronuncie sobre el tema. A moros y cristianos esta es una medida que les importa un comino. Da lo mismo que le quiten horas a la educación artística, total esa hueá no sirve. Si escuchas música lo haces sólo para aturdirte, si compras un cuadro de Bororo es por una cuestión de esnobismo, de pose intelectual. Incluso es probable que el cuadro lo encuentres profundamente feo, pero como es algo muy top no importa. De la boca para afuera, como decía mi abuela. Esa es la valoración del arte en Chile. El arte como evasión, como anestesia. El arte como adorno. El arte como moneda de cambio para poder comprar y vender estatus.
Dada esta situación no es de extrañar que un grupo de ignorantes pelotudos cortos de miras tomen una medida semejante. Nada más peligroso que un imbécil con poder, acá quedó clarito. Además esta reducción horaria en el área artística se va a compensar con más horas en Matemáticas, una materia que sí sirve para esta vida. Es evidente que lo que se busca es un enfoque educacional pensado únicamente para crear buenos empleados, buenas nanas que les limpien el culo a sus nietos regordetes y rubios, y no a gente que aspire a algo distinto para su vida.
No voy a decir que se está formando a gente sin sensibilidad artística, porque ese es un argumento que me parece de una cursilería tremenda. Pero sí voy a dar el dato científico de que la música (sea escuchando o interpretando) aumenta la capacidad cognitiva, corrige el déficit atencional y estimula la interacción social. O sea que si sacamos la música del currículum hay una gran probabilidad de estar generando mayor inadaptabilidad social de la que ya existe. Platón, Rousseau y Nietzsche hablaron exhaustivamente de ese tema, lo que no es menor.
Si usted que está leyendo esto lo encuentra medio apocalíptico o exagerado, lo más probable es que en el fondo, por muy progresista que se crea, en el fondo usted piensa igual que los fachos que nos quieren hacer esta canallada. Hágase un examen de conciencia y sea sincero consigo mismo, que es la única manera de ser sincero con los demás.
Yo personalmente no quiero un país donde la cultura sea un lujo, sino que quiero un país donde la cultura no sólo sea un patrimonio de todos, sino que todos participemos en la formación de ese patrimonio. Pero para eso hay que entenderlo. Uno no puede amar lo que no conoce. Y la única manera de lograr eso es mediante una educación artística y de calidad.

jueves, 3 de noviembre de 2011

METALLICA: "Master of Puppets" en vivo

Para nadie es un misterio que "Master of Puppets" es el punto más alto de la carrera de Metallica. Un disco simplemente perfecto, de esos que no le sobra ni una sola nota, y que escucharlo siempre es bienvenido. El 2006 Hetfield, Ulrich y compañía decidieron nada menos que interpretar este álbum completo, conmemorando así los veinte años de la placa por ese entonces. El tango dice que veinte años no es nada, pero en el caso de Metallica no es así. Y no lo digo porque estén envejecidos musicalmente (de hecho este video nos muestra una banda muy sólida), sino porque los cambios desde 1986 han sido muchos:se cortaron el pelo,demandaron a sus fans, tocaron con una orquesta, grabaron un sospechoso álbum sin solos, y aún así siguen ahí dando guerra. Más allá de todo eso, escuchar a Metallica en vivo siempre es un placer, y más aún interpretando temazos como lo de este álbum. Ahí va.



viernes, 21 de octubre de 2011

BLACK SABBATH:"Born Again" (1983)

Cuando se habla de artistas que poseen una trayectoria prolongada uno siempre se enfrenta a ciertos clichés. El más manido es que dicho artista posee una etapa creativa que es virtualmente insuperable, y que toda la producción posterior se debe medir con esa vara, aunque sea de la misma calidad o incluso mejor que lo hecho en esa "etapa dorada".
Cuando se habla de Black Sabbath por ejemplo, la etapa dorada es la de los '70. Los discos con Ozzy al frente son el punto de partida del metal, tanto en su versión más pura ("Master of Reality") como en las diversas fusiones que se darían después ("Sabbath, Bloody Sabbath"). Nadie con dos dedos de frente discute eso, pero sería injusto que por esa sola razón se menospreciara la música hecha inmediatamente después a esa etapa, léase la época de "Heaven and Hell" y "Mob Rules".
Sin embargo hay otro cliché respecto a Sabbath: que después de que Dio dejara la banda nunca volvieron a sacar materialde calidad. Ciertamente la trayectoria del grupo se hizo más errática a partir de ese momento, pero no por eso dejaron de hacer cosas interesantes. Pruebade esto es "Born Again", que por otro lado corrobora uno de los lugares comunes más grandes: ese que reza que el gran arte surge de la adversidad.
Cuando Dio abandonó la banda en 1982, Tony Iommi se encontró en un gran dilema: seguir o no seguir. Cuando se resolvió que sí, el dilema fue quién poner a cantar. Después de harto tira y afloja el elegido fue nada menos que Ian Gillan, hombre proveniente de un mundo musical copletamente diferente. Nada más lejano a la música de Sabbath que Deep Purple. Pero este auténtico experimento que parecía no tener pies ni cabeza siguió su curso, ahí aparecieron las diferencias creativas, las tensiones y las diferencias personales. Todo eso quedó plasmado en la música. El disco disco se podría dividir en dos: por un lado los temas más pachangueros, como "Trashed", que narra una linda historia de sexo y drogas, que claramente se nutre de ideas provenientes de Gillan; y por otro los estrictamente sabáticos, como "Zero the Hero" (cuyo riff central Slash agarró y transplantó a "Paradise City"), que tienen la firma inconfundible de los Sabbath de siempre.
Hay mucha mitología respecto a este disco: que es el peor de la discografía del grupo (los discos con Tony Martin me parecen mucho peores), que la portada es fea (y vaya que lo es, pero en eso reside su encanto...). Ian Gillan contribuyó mucho a la construcción de ese mito. Tiempo después diría que "escuché la grabación y me dieron náuseas, luego ví la portada y más nauseas me dieron".  El disco suena francamente mal si es que se compara con la impecable pulcritud de los anteriores trabajos de la era Dio,  eso sin duda contribuyó a la mala fama de éste (y es que el auditor actual homologa sonido con calidad musical, siendo que algo puede sonar muy bien pero compositivamente ser malo, o al revés). Pero las canciones demuestran que no estaban secos creativamente. Se aspira en ellas un deseo de volver a las raíces, esto es, a la brutalidad formal y a la temática oscura. Y el resultado es tal que me atrevería a decir que "Born Again" es el álbum más oscuro de la banda desde los ya lejanos tiempos de "Paranoid". La atmósfera de los surcos es realmente asfixiante ("Disturbing the Priest", "Digital Bitch"), y los aullidos de Gillan suenan bastante bien junto a la guitarra de Iommi, que acá suena con una contundencia y un veneno que Martin Birch limpió mucho en los discos con Dio. Ni hablar de los solos, que suenan más punzantes que nunca.
Mención aparte merece el tema título, con una guitarra y el bajo de Geezer Butler con mucho chorus, construyendo una atmósfera muy lírica, pero monolitica a la vez. Sólo por este tema el disco merece la pena.

Como era de suponer, la gira posterior fue un completo desastre (a pesar de que los bootlegs que circulan por ahí dan cuenta de que la idea no era mala), y Gillan, que aceptó la oferta de unirse a Sabbath por apuros económicos, optó por irse del grupo. "Born Again" es quizá el auténtico canto del cisne del grupo, y es bastante probable de que pase un tiempo más antes de que se le reconozca como tal. Lo más recomendable es, pues, escucharlo y sacar propias conclusiones.







domingo, 9 de octubre de 2011

JOHN ZORN EN VIVO.

A veces en el inefable Youtube hay tanta cosa para ver y oír que uno llega al triste punto de no sorprenderse con casi nada. Pero siempre pasa que uno llega a algo que le devuelve la bendita capacidad de asombro. A veces uno se pilla con videos largos, como éste que nos ocupa, y es un verdadero placer.


John Zorn debe ser uno de los últimos de una gloriosa estirpe, una que empezó hace ya muchos años con Cage y Stockhausen, y cuyo último retoño podría ser Mike Patton (de hecho, la influencia de Zorn en la música de Patton es innegable). Es uno de los pocos que hoy en día siguen forzando los límites del jazz hacia otras fronteras, y por sólo ese hecho debería ser un deber escuchar su obra al menos una vez en la vida. Lo que acá se muestra es más que nada es la faceta de Zorn como director y como improvisador. Una banda de lujo (a destacar a Marc Ribot en las seis cuerdas, que a ratos me suena mucho al McLaughlin de principios de los '70) y una gran presentación, donde la música fluye a ratos cósmica y a ratos caótica, pero siempre libre, a merced del tira y afloja de Zorn. Un gustazo.

domingo, 25 de septiembre de 2011

BANDA SONORA


Los últimos meses se ha producido un reventón social como no se daba hace mucho tiempo en nuestro país. La revuelta estudiantil ha puesto de una vez por todas en el tapete un tema fundamental, como lo es lo profundamente deficiente que es el sistema educacional en nuestro país. Las marchas y manifestaciones ocurridas durante este tiempo han mostrado lo profundamente bipolar que es hoy por hoy la atmósfera social que se respira en Chile: por un lado los destrozos, los gloriosos desmanes, cortesía de los más afectados por este sistema. Gente que, al no poseer mayor capacidad argumentativa, simplemente acuden a su musculatura mara expresar su ira; y por otro, el afán carnavalesco , con pretensiones culturales de parte de los universitarios, esa casta bienintecionada que siempre quiere lo mejor para el pueblo, aunque muchos de ellos jamás hayan agarrado un martillo en su vida, o sientan que ya no pertenecen a la clase trabajadora porque van a ser profesionales. Ellos se han querido diferenciar de los peligrosos flaites al son del baile, las performances y la música, que es lo que nos compete aquí.
¿Dije música? La música siempre ha acompañado a los grandes cambios sociales. "No hay revolución sin canciones", decía Allende, y vaya que tenía razón. Beethoven prescenció la Revolución Francesa, el elzamiento y la caída de Napoleón, las óperas de Verdi están llenas del patriotismo italiano de la época; y los mil días de la Unidad Popular se hallan indisolublemente unidos a la Nueva Canción Chilena. El artista es una especie de barómetro del ambiente social en que se desenvuelve, independiente de su posición política.
Pero ese es otro tema que demanda otro espacio. A lo que iba es que si el movimiento estudiantil es realmente tan potente como se cree ¿Cuál es la música que lo representa? La pregunta puede parecer insignificante, pero siento que no es así. El hecho de que se pueda hablar de una movida cultural (musical en este caso), de una banda sonora de un movimiento social habla de la consolidación de éste, ya que implica el empoderamiento de espacios ajenos a su origen, como es el caso del artístico. Puede que yo tenga los oídos un poco envejecidos, pero tengo la sensación de que esto aún no se da. Si alguien me habla de la Nueva Ola de Cumbia Chilena como música característica podría ser, está de moda, es popular, entretenido, y por ende, calza con el ambiente de festivo que se le han querido implantar a las marchas. Si me hablan de gente como Manuel García y otros por el estilo, a mí se me hace más complejo. Los cantautores con mensajes entre poéticos e intelectuales, por la naturaleza de sus propuestas, suelen apuntar a un público muy específico (joven, universitario, clase media-alta, heterosexual), por lo que no suelen poseer el alcance popular que, por cierto, les encantaría poseer. El gran público está aburrido de genios iluminados, de hecho no existe ninguno hoy en día, sólo quiere vacilar para hacer más llevadera la pesada carga que llevan a cuestas, decisión muy sabia por lo demás. Pero aún así siento que ninguna de las dos opciones es lo suficientemente representativa de los que hemos estado involucrados de una u otra forma en este movimiento, pero insisto, es una opinión absolutamente personal. Al no existir hoy por hoy un discurso ideológico que sea dominante la música diversifica su matriz de gran manera, haciendo de reflejo y representando la diversidad social y la inclusividad que debería ser la base de una sociedad más justa y equitativa.
Puede que la banda sonora de los últimos acontecimientos todavía esté en formación (de hecho es así), y creo que al momento que se concrete será cuando realmente se concrete el movimiento social actual. Pueden canciones sin revolución, pero no hay revolución sin canciones, sin duda.

lunes, 25 de abril de 2011

SOBRE LA AUDICIÓN MUSICAL

El contacto con la música es un proceso que se hace en su mayor parte de manera inconsciente, sin analizar mayormente qué tipo de reacciones se producen en nosotros a nivel físico o psíquico. Esto de por sí no posee nada de malo, pero se supone que la persona que está vinculada a la música de manera más íntima debería ser capaz de ir más allá de lo que se experimenta comúnmente al momento de entrar en contacto con ella, y al mismo tiempo transmitir ese ver más allá al resto. Esto implica ir más allá del mero disfrute al momento de escuchar o de ejecutar una pieza.
El hecho de que el oído humano nunca descanse a la manera que lo hace el ojo por ejemplo nos lleva a ser más atentos con lo que escuchamos, lo cual no quiere decir que siempre le prestemos la atención requerida a una fuente sonora determinada, esto debido a que el entorno sonoro es algo tan omnipresente en nuestra vida que simplemente el bombardeo sonoro se termina procesando a nivel inconsciente. En el caso de la música esto es igual de válido, ya que muchas veces la música pasa a ser ruido de fondo de otras actividades que realizamos en el día, mucho más ahora con la multitud de chucherías que reproducen música. Uno termina por dejar de ser un auditor selectivo (que elige lo que quiere escuchar) y pasa a convertirse en un ente pasivo (escucha simplemente lo que le llega, sin discriminar en nada), lo que nos termina transformando en personas sin capacidad crítica, tanto para la música como para todo lo demás. Para evitar ser un simple juguete de las modas un músico o un auditor avezado deberían tomar consciencia de que la audición musical posee varios niveles:
Primero se encuentra el hecho de oír, que es cuando un sonido determinado (musical en este caso) llega a nuestro oído sin ponerle mayor atención de nuestra parte, como parte del ruido de fondo permanente de nuestro entorno. Es la actitud predominante en nuestra cultura del zapping y del dato puntual.
El hecho de escuchar implica prestar atención a lo que se percibe auditivamente. Cuando una pieza musical determinada nos agrada se suele realizar este paso de forma espontánea. Lo ideal es lograr este estado de vigilia a voluntad: yo escucho lo que quiero, cuando quiero.
Muchas veces uno se queda sólo en este paso y no va al siguiente, que se trata de entender lo que ocurre en determinada pieza musical. Entender implica dar un paso más e intentar dilucidar las causas y efectos de una determinada pieza, es decir en analizarla y entender su mecanismo interno. Esto no quiere decir que se tenga que tener conocimientos musicales acabados, sino que basta con tener un oído despierto y ser capaz de separar lo que ocurre en el ritmo, en la melodía…
Una vez hecho esto, uno está en condiciones de comprender la música que se escucha. Descartes decía que una vez dividido en tantas partes como fuese posible un problema había que ordenar dichas partes, y la solución quedaría ante nosotros. Comprender implica darse cuenta de las relaciones existentes entre los distintos sonidos que pueden darse en la música. Si entender es analizar cada elemento, comprender es entender la música de forma global.
Una audición bien hecha debería seguir los cuatro pasos descritos más arriba. Lo que se gana al hacerlo de esta manera es mayor claridad y un disfrute más pleno de la música, ya que uno logra hacer consciente todos los elementos que nos atraen de tal o cual estilo ¿Por qué nos gusta tal o cual tipo de música? Al final del día responder esa pregunta satisfactoriamente es conocernos mejor a nosotros mismos. O sea, es emplear la música como método de autoconocimiento.

sábado, 12 de marzo de 2011

Pentatónica Menor en contexto de Blues

Hace un par de meses, después de un ensayo, el bajista de mi banda me hizo una pregunta: ¿Por qué funciona la Pentatónica menor en un tema como “Rock n’ Roll”, de Led Zeppelin, si el tema está en La mayor? Yo, que estoy acostumbrado a tocar blues desde siempre, nunca había reparado en ese detalle, así que quedé de explicarle después. Pasaron unos días, y me acordé de la pregunta, así que me metí a Internet a ver si pillaba una buena respuesta. Vi un par de páginas y me dí cuenta de que todas las respuestas poseían algunos puntos en común, pero sólo algunos.
Ahora que he visto un par de respuestas, creo que es hora de dar mi versión de los hechos. No pretendo dar la respuesta definitiva, pero trataré de hacer lo mejor que pueda.

•La Escala:

Una escala Pentatónica es una escala de cinco notas. Música relacionada con este tipo de escalas se puede encontrar en África, América Latina, Extremo Oriente, y obviamente en el blues y en su hijo pelusón, el rock. En la guitarra son escalas fáciles de memorizar, ya que el dibujo que hacen las manos en el diapasón al tocarlas es muy característico, lo cual a veces redunda en que el intérprete ponga el piloto automático y toque la pentatónica de forma mecánica. Esto lleva a pensar que son escalas básicas y poco relevantes, lo cual no es cierto, porque fuera de las que se conocen mayoritariamente (la mayor y la menor) hay muchas más, sobre todo en Extremo Oriente, donde la diversidad pentatónica es abrumadora.
En Occidente el pentatonismo se olvidó hasta la entrada en escena de la gente de raza negra, producto del vergonzoso tráfico de esclavos que se efectuó durante la expansión imperialista europea. Los esclavos africanos seguramente poseían su propio sistema armónico (como lo poseen hoy los "africanos de Àfrica" hasta el día de hoy), pero bajo el influjo de la música tonal europea desarrollaron escalas pentatónicas con ésta, a saber: la pentatónica mayor y la menor.
Si uno toma una escala mayor (la de Do, por ejemplo) y le quita el IV Grado (Fa) y el VII (Si) se obtiene una escala pentatónica mayor, poco utilizada en el blues y en el rock (aunque hay ilustres que la utilizan mucho, como Clapton), y que posee un curioso sonido oriental.
Si uno toma una escala menor (digamos la de La) y se le quita el II grado y el VI se obtiene la sufrida escala pentatónica menor. Si entre el IV y el V grado se agrega el semitono que hay entre medio (la “blue note”), en este caso un Mib, tenemos la escala de blues.

• El Acorde:

Si hay algo que distingue a la música occidental del resto es el concepto de armonía. Se trata de dilucidar las relaciones entre los sonidos simultáneos que se pueden dar en una pieza y organizarlos en forma de acordes, y a la vez organizar las relaciones existentes entre dichos acordes (lo que se suele llamar cadencia o progresión).
Los acordes de una tonalidad se forman superponiendo las notas de una escala en relaciones de terceras, formando tríadas, y en ocasiones, tétradas (estamos hablando de la armonía más básica, no de Debussy ni de Thelonius Monk). Si hacemos este ejercicio sobre una escala de La Mayor, los acordes resultantes son:

I II III IV V VI VII
LaM Sim Do#m ReM MiM Fa#m Sol#º

Llegados a este punto hay que destacar dos cosas:

1: Existen grados principales y secundarios. Los principales lo son porque entregan una sensación de mayor firmeza tonal, y son el I, el IV, y el V, (o tónica, subdominante y dominante), que son precisamente los que se ocupan en el blues.

2: En ocasiones al V Grado se le agrega una séptima menor, quedando el Mi Mayor del ejemplo anterior convertido en Mi 7. Se suele aplicar para crear mayor tensión dentro de una pieza musical. Los grandes maestros del siglo XVIII emplearon exhaustivamente este recurso. A este tipo de acorde se le denomina Dominante Séptima (V7).

En la música occidental tradicional la cadencia I, IV, V7, I se utiliza para crear una sensación de resolución hacia la tónica ( I ). La Dominante séptima sirve para dar el paso lógico hacia la tónica, puesto que es el acorde que ejerce más tensión, y por ende, mayor atracción hacia la tónica dentro de una pieza. Ahora bien, examinemos la estructura típica de un blues en La Mayor:

La7 – Re7 – La7 – E7 – Re7 – La7

¿Aquí se da la relación cadencial I, IV, V? Sí, tenemos una tónica (La), un IV Grado (Re) y un Quinto Grado (Mi), pero hey!: ¿y todas esas séptimas añadidas a los acordes? Si fuéramos estrictos con lo dicho anteriormente, aquí habría sólo dominantes que no resuelven a sus tónicas respectivas, pero al escuchar la serie (como en el mencionado tema de Led Zeppelin) la sensación tonal es indiscutible. Esta relación armónica a base de séptimas, que le habría sonado interesante a Debussy, rara a Beethoven y derechamente aberrante a Bach, demuestra que la intuición auditiva puede más que las matemáticas, y que las “disonancias” son más una cosa de convencionalismos que de otra cosa.

•La relación Escala – Acorde:

Esta es la parte más peliaguda de este asunto. Asumo de antemano que me voy a quedar corto con la explicación, así que cualquier alcance que se quiera hacer para mejorar este artículo, bienvenido sea.
A cada escala sus acordes. La lógica nos indica que si estoy tocando un tema en Re Mayor y quiero hacer un solo, ese solo debe estar en una escala mayor o en un modo ídem (el mixolidio, por ejemplo). Lo mismo si fuera una tonalidad menor. Ahora bien, si mi tema está en Re menor y empleo para solear una escala mayor entonces se dará un efecto inesperado, como de que algo no cuadra (como lo hace Tom Morello en “Settle for Nothing, del primer álbum de Rage). Pero en un blues mayor la pentatónica menor suena muy bien, incluso mejor que su hermana mayor, ¿por qué?
Aquí hay que entrar a picar en lo que se llama la relación escala – acorde.
Lo ideal es que un músico que gusta de la improvisación antes de lanzarse a tocar un chorro de notas frenéticamente se de un tiempo para analizar los acordes del tema sobre el que quiere improvisar sobre todo si se trata de cosas de mayor complejidad como el jazz.
Este ejercicio ya está hecho en la sección anterior, y dio el resultado de que en una rueda de blues todos los acordes empleados poseen una séptima menor (al menos de forma general). Concentrémonos en el acorde de tónica. En nuestro ejemplo el acorde de tónica (La7) se forma de la siguiente manera: La, Do#, Mi, Sol (esta última nota es la séptima). A esta tétrada hay que ver qué escalas encajan en ella ¿cómo se ve eso? Viendo las notas que hay en común entre la escala y el acorde.
Veamos entonces.
La Escala Mayor de La se compone de la siguiente manera: La – Si – Do# - Re – Mi – Fa# - Sol#. Podría encajar a la perfección, si no fuera por la séptima mayor de la escala, que no coincide con la séptima menor del acorde.
¿Y una Mixolidia? La estructura de la Mixolidia de La es: La – Si – Do# - Re – Mi – Fa# - Sol. Sería la elección perfecta, y de hecho se usa mucho en el blues.
La Pentatónica Mayor de La es: La – Si – Do# - Mi – Fa#. También encaja bien ¿Porqué no se utiliza tanto entonces? Quizá se deba a su carácter alegre, que no se condice mucho con el carácter blusero (piensen en “Small Victory” de Faith No More como ejemplo casi perfecto de ello).
La Pentatónica Menor de La es: La – Do – Re – Mi – Sol. La séptima menor (Sol) está presente en esta escala, pero la tercera (Re) no es la misma tercera que define la tonalidad mayor de La (Re#). Tema complejo, porque la tercera define el tipo de tonalidad (mayor o menor) y porque entre un Re y un Re# hay medio tono de distancia, que si se toca de forma simultánea crearía una disonancia ¿De dónde viene el hecho de que suene tan bien?
Analicemos las notas que componen cada uno de los tres acordes usados en nuestra rueda de blues:

Séptima Sol Do Re
Quinta Mi La Si
Tercera Do# Fa# Sol#
Tónica La Re Mi
Grado del acorde I 7 IV7 V7


Si nos fijamos bien, nos daremos cuenta que las notas de la pentatónica menor coinciden con las de los acordes en las tónicas y en las séptimas. En las quintas coinciden sólo en las del I y IV grado, mientras que nunca coinciden en las terceras. De aquí se puede inferir que en el blues, en el hijo mateo del blues (el jazz) y en el hijo pelusón del blues (el rock) las terceras no son tan importantes como lo son en la añosa tradición europea. La armonía de jazz hace mucho énfasis no sólo en las séptimas sino que en todas las extensiones (novenas, oncenas...), que gente como Bach denominaba desdeñosamente “notas de apoyo o de paso”, y no parte integral de los acordes. El rock, por el contrario, reduce la armonía al mínimo (los famosos “power chords”, formados sólo por la tónica y su quinta), que le dan esa sonoridad áspera y firme a la vez. Ambos recursos dejan campo abierto hacia la exploración de la armonía modal (pensemos en el cool jazz de los 50’s, o en las ramas más extremas del metal), lo que da cuenta que la dependencia de la tonalidad tradicional no es tan real como pareciera a primera vista, justamente debido al hecho de que la tercera del acorde no es fundamental, sino que es un elemento más de la paleta sonora del intérprete.
Bueno, esa es la explicación que puedo dar. Es muy posible que esté dejándome de lado algo, así que cualquier acotación al margen que se quiera hacer, bienvenida sea.

viernes, 7 de enero de 2011

Las cosas como son...

No es por ser odioso, pero como dice el refresco: "Las cosas como son"



jueves, 6 de enero de 2011

Emma Bovary va a la Ópera


Hace un par de semanas terminé de leer “Madame Bovary”, de Gustave Flaubert. Un gran libro, se lo recomiendo a todo el mundo. Es una muestra de cómo el individuo debe sortear normas que se deben acatar so pena de ser excluido y marginado de ésta para lograr lo que desea realmente.
Una pequeña sinopsis: Emma, mujer de grandes pasiones y gran belleza, se encuentra casada con Carlos Bovary, un médico rural de cortos alcances y poca ambición. El matrimonio rápidamente se convierte en una absoluta y tediosa rutina, esto sumado a la lectura afiebrada que Emma hace de gente como Walter Scott y Balzac, que no hacen más que estimular su carácter apasionado; lo cual en un momento dado hace que Emma busque una serie de “alternativas” para que sus ansias de vivir no la devoren por dentro.
El libro se halla ambientado en la Francia de mediados del siglo XIX. El Romanticismo tanto literario como musical han tocado techo y comienza la lenta descomposición del movimiento. Como reacción al Romanticismo literario surge el Realismo, del cual Flaubert es considerado tradicionalmente como el máximo exponente. Flaubert estaba consciente de los defectos del Romanticismo no sólo como propuesta estética, sino que como forma de vida: el individualismo, el idealismo político y la pasión desenfrenada no cuadran con una sociedad mezquina y cerradamente pequeño burguesa como la de esos tiempos. No ofrecen ninguna solución a la existencia, sino todo lo contrario, y en “Madame Bovary” da cuenta de ello.
Dentro de esta historia hay una escena que a mí me llamó poderosamente la atención y creo que sintetiza a cabalidad lo expuesto anteriormente, que es cuando la pareja asiste a la ópera, y nada menos que a una representación de “Lucía di Lammermoor”, del lacrimógeno Gaetano Donizetti.
Hay que hacer hincapié que las funciones de ópera en esa época no eran patrimonio de viejas siúticas y pedantes como hoy en día, sino que eran un auténtico espectáculo masivo, no diré estrictamente popular porque hasta el surgimiento de Verdi la ópera era el espectáculo favorito de la burguesía, y a pesar de que la clase obrera también gustaba de esta expresión musical, no fue hasta la aparición del maestro milanés que el pueblo en pleno se identifica con la ópera. Pero ciertamente era un espectáculo de grandes convocatorias, perfectamente comparable a lo que pueden ser los conciertos de rock hoy en día. Así que cuando Emma y Carlos van al teatro no lo hacen por esnobismo, sino que por puro disfrute. Flaubert, con su pluma afilada como un bisturí, va haciendo una disección, va dando cuenta de todo lo que ocurre durante la función. Habla del fervor del público rayando en lo irracional (la cosa no ha cambiado mucho); y por otro la do también habla del divismo del cantante lírico (la cosa no ha cambiado nada). Como ya se dijo anteriormente, el Romanticismo original (el del último Beethoven y de Schubert) había decaído mucho, pero sobrevivía en lo que debe ser el rasgo más superficial de éste, que es su sentimentalismo. No es lo mismo leer a Novalis que a Bécquer. Asimismo, no es lo mismo escuchar a Berlioz que a Donizetti. A mí personalmente este tipo de ópera no me agrada en lo absoluto, la encuentro tan empalagosa como agarrar un tarro de manjar y tragármelo al seco.
Pero la bella Emma no piensa de la misma manera, muy por el contrario. De hecho, ella siente como se revuelve el deseo dentro suyo con el transcurrir de la música. Además la historia que narra guarda un extraño parecido con su propia historia. “El poder de la música” dirán algunos, pero Flaubert también menciona fugazmente el olor a gas que emana de las luces del teatro, detalle no menor, creo yo. Carlos, por su parte, quiere disfrutar al mismo nivel que ella, pero para ello necesitaría una sensibilidad análoga a la de su mujer, un desarrollo emocional que no posee, y también una naturaleza histérica como la de ella, producto de la represión profunda de su deseo. A cada época su arte, y el siglo XIX es la época del goce sentimental, por sobre el instintivo o el intelectual.
Cuando al rato después Emma se encuentra casualmente con León, un viejo amor ilícito, ella ya no duda: tiene que hacer lo que sus entrañas le dictan, no importa el coste, aunque eso la acarree al callejón sin salida en que efectivamente se encuentra después.
“Madame Bovary” es un retrato magnífico del estilo de vida imperante a mediados del siglo XIX, y que guarda algunos paralelismos inquietantes con la supuestamente hedonista y despreocupada sociedad del siglo XXI. La vida se aprisiona por el afán de alcanzar un estatus, aunque éste no se desee realmente. La historia del desarrollo de esa neurosis es la historia de Emma, y el episodio de la ópera una muestra fiel de todo aquello.