John Zorn debe ser uno de los últimos de una gloriosa estirpe, una que empezó hace ya muchos años con Cage y Stockhausen, y cuyo último retoño podría ser Mike Patton (de hecho, la influencia de Zorn en la música de Patton es innegable). Es uno de los pocos que hoy en día siguen forzando los límites del jazz hacia otras fronteras, y por sólo ese hecho debería ser un deber escuchar su obra al menos una vez en la vida. Lo que acá se muestra es más que nada es la faceta de Zorn como director y como improvisador. Una banda de lujo (a destacar a Marc Ribot en las seis cuerdas, que a ratos me suena mucho al McLaughlin de principios de los '70) y una gran presentación, donde la música fluye a ratos cósmica y a ratos caótica, pero siempre libre, a merced del tira y afloja de Zorn. Un gustazo.
domingo, 9 de octubre de 2011
JOHN ZORN EN VIVO.
A veces en el inefable Youtube hay tanta cosa para ver y oír que uno llega al triste punto de no sorprenderse con casi nada. Pero siempre pasa que uno llega a algo que le devuelve la bendita capacidad de asombro. A veces uno se pilla con videos largos, como éste que nos ocupa, y es un verdadero placer.
John Zorn debe ser uno de los últimos de una gloriosa estirpe, una que empezó hace ya muchos años con Cage y Stockhausen, y cuyo último retoño podría ser Mike Patton (de hecho, la influencia de Zorn en la música de Patton es innegable). Es uno de los pocos que hoy en día siguen forzando los límites del jazz hacia otras fronteras, y por sólo ese hecho debería ser un deber escuchar su obra al menos una vez en la vida. Lo que acá se muestra es más que nada es la faceta de Zorn como director y como improvisador. Una banda de lujo (a destacar a Marc Ribot en las seis cuerdas, que a ratos me suena mucho al McLaughlin de principios de los '70) y una gran presentación, donde la música fluye a ratos cósmica y a ratos caótica, pero siempre libre, a merced del tira y afloja de Zorn. Un gustazo.
John Zorn debe ser uno de los últimos de una gloriosa estirpe, una que empezó hace ya muchos años con Cage y Stockhausen, y cuyo último retoño podría ser Mike Patton (de hecho, la influencia de Zorn en la música de Patton es innegable). Es uno de los pocos que hoy en día siguen forzando los límites del jazz hacia otras fronteras, y por sólo ese hecho debería ser un deber escuchar su obra al menos una vez en la vida. Lo que acá se muestra es más que nada es la faceta de Zorn como director y como improvisador. Una banda de lujo (a destacar a Marc Ribot en las seis cuerdas, que a ratos me suena mucho al McLaughlin de principios de los '70) y una gran presentación, donde la música fluye a ratos cósmica y a ratos caótica, pero siempre libre, a merced del tira y afloja de Zorn. Un gustazo.
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