
“Hay que aprender cosas útiles más bien que cosas admirables”
San Agustín
Cuando a un instrumentista le dicen que es un virtuoso, en primera instancia no debería ni agradecer ni ofenderse, porque la palabra da mucho de sí ¿Qué es ser virtuoso?¿En qué consiste exactamente el virtuosismo?
El diccionario define el virtuosismo artístico como “el perfecto dominio de la técnica”. Definido de estas manera, el virtuosismo no encierra nada malo en sí, incluso se podría pensar que de buenas a primeras que es hasta necesario que un músico conozca de punta a cabo su instrumento y las reglas de la armonía en general. Entonces ¿porqué en ocasiones el apelativo de “virtuoso” tiene un sentido peyorativo?
Cuando se escucha por primera vez música escrita o interpretada por músicos de elevado nivel técnico, sea éste Paganini, Paco de Lucía o Buddy Rich, uno siempre queda anonadado por la destreza que exige dicha música; el gran público aplaude a rabiar las proezas del artista y los entendidos se admiran de sus capacidades. Todos reconocen el talento y las horas de trabajo que se han invertido, todos ovacionan al artista. Ahora bien, uno se puede asombrar la primera vez, pero quizá a la segunda el asombro no sea tan grande ¿A qué se debe eso? A que muchas veces el instrumentista que está dotado de grandes capacidades interpretativas basa su quehacer en eso, en sus capacidades, y no orienta su música hacia donde se supone debería orientarla un músico. Muchas veces los músicos “virtuosos” caen en el síndrome del pavo real, esto es, querer exhibirse. En resumidas cuentas, ocupan la música como prolongación de su ego, no de su yo. Muchas veces, la exhibición de este tipo denota falta de ideas o de cosas que decir…
Habíamos dicho más arriba que el diccionario definía el virtuosismo como perfección técnica. Bueno, pero ¿qué tipo de técnica debe poseer un músico? La respuesta puede parecer obvia, pero ojo, se puede tener precisión milimétrica y conocimientos completísimos de armonía y contrapunto, pero hacer música que tenga un real valor artístico generalmente requiere de una técnica más diversa. Si lo dejamos en lo mencionado solamente, resultaría que el guitarrista de rock más influyente de la historia sería Michael Angelo y no Jimi Hendrix.
Un virtuoso, un verdadero virtuoso, va más allá de la exhibición egocéntrica de sus habilidades instrumentales. Como la música es un arte y no un deporte, el asunto va más allá de una mera habilidad motriz. Además de algo físico, el intérprete debería intervenir a nivel emocional, intelectual, y en última instancia, a nivel espiritual. Debería existir una conexión entre sus emociones, sus ideas y su acción muscular en su instrumento. Tal vez suene poco aterrizado lo que se propone aquí, pero si uno se pone a analizar la música de gente que es o fue extremadamente habilidosa, pero que es profundamente emotiva (el caso de Bach es paradigmático) uno cae en cuenta que no es tan descabellado. Hagamos el siguiente ejercicio: si uno deja de lado a gente como Bach o Jeff Beck y se centra en gente como Yngwie Malmsteen o Paganini, que valoran la técnica instrumental por sobre cualquier otra cosa, nos damos cuenta que éstos últimos salen perdiendo feo, porque su mentado virtuosismo es sólo a un nivel, el puramente motriz, llegando a descuidar en ocasiones incluso la propia musicalidad. Es más, si se les compara con gente que supuestamente es de un nivel musical inferior (en cuanto a rebuscamientos musicales), como The Ramones o John Lee Hooker, también salen perdiendo, porque, a fin de cuentas, es mucho más importante revolver las entrañas del oyente, o que simplemente pase un buen rato, que apabullarlo con cosas enmarañadas por el solo hecho de decir “miren de lo que soy capaz”. Con esto no digo que la música compleja sea mala de por sí, pero sin duda la mejor música, sea esta hecha con cuatro notas o con cien, es la que tiene alma. El resto es paja molida.
Ahora, lo emocional ¿es susceptible de aprenderse? Yo creo que sí, pero es algo más difícil, porque implica adiestrar la conciencia. Tocar música con alma y transmitir sensaciones al público exige poseer una sintonía con éste, es eso que se llama empatía. En resumen, se requiere un estado mental determinado. Y todos sabemos que es mucho más difícil dominar la mente que ejercitar el cuerpo.
En resumen, un virtuoso no es aquel que sea capaz de tocar un mayor número de notas por segundo por el sólo hecho de hacerlo, sino que dicha ejecución debe ir ligada a una intencionalidad, a querer decir algo en eso que se hace, a querer entregar algo. Si no, es preferible callarse. Porque como decía Miles Davis (un grande de todos los tiempos, y absolutamente antivirtuosista por lo demás): “el silencio es el más potente de todos los ruidos”.

