
Se murió Ronnie James Dio. Tenía cáncer estomacal. 67 años. Mi mujer me acaba de contar, y siento mucha pena a decir verdad. Soy un fan absoluto de él, me gusta toda su discografía. Rainbow, Sabbath, su carrera solista, todo lo que hizo es de una solidez y ejecución envidiables.
Dio forma junto a Bruce Dickinson y Rob Halford la tríada de cantantes más importantes del Heavy Metal, los que le dieron forma e identidad propia al género. Junto a la garganta privilegiada de Bruce, que llega al infinito, y los aullidos tremendos de Halford, Dio pareciera que permanece en un discreto bajo perfil. El enano no poseía un registro vocal tan amplio como los otros dos (sobre todo comparado con el frontman de Iron Maiden), pero poseía en cambio algo que a los otros se les escapa, por el afán de dramatismo de uno, y de agresividad del otro: esto es garra, pasión. Dio cantaba cada nota como si fuese la última. Desde el primer álbum de Rainbow, hasta lo último que realizó con Heaven & Hell (a los cuales no pude ver el año pasado para desgracia mía), todo lo que hizo poseía una entrega inusual, que atrapa al oyente de forma casi inmediata. Esto, unido a un magistral sentido interpretativo y un particular timbre vocal han terminado por darle el caítulo de la historia que hoy posee y la leyenda que a partir de hoy comienza a forjarse alrededor suyo. Es eso lo que lo hace inimitable. Yo escucho metal desde los 12 años, y desde esa época hasta los 25 que tengo ahora he escuchado varios émulosde Dickinson y una verdadera legión de bandas-clones de Judas Priest. Pero de Dio muy pocos, por no decir ninguno. Eso da cuenta por sí sólo, por un lado, de su personal forma de cantar, y por otro lado de la trascendencia de su legado. Cantar como Dio es algo difícil, difícil de imitar, es como querer ser Keith Moon, Jason Becker o Cliff Burton.
El rock ha entrado en una etapa en que la generación que inventó todo este cuento va a empezar a morirse de vieja (pensemos en Syd Barret, por ejemplo), no por crisis existenciales o por el abuso de drogas. Tal vez esto le ayude a las nuevas generaciones a desembarazarse del peso de tener aún vivos -y en actividad como en el caso de Ronnie- a sus modelos a seguir, y así puedan cantar una canción con voz propia. O quizá no. Quién sabe.
Desde la muerte del Gato Alquinta que no sentía tanto la partida de un artista. A Dio yo lo sentía muy cercano, como el vecino hipiento que escuchó a Deep Purple cuando la banda recién salió, y te pasa toda esa fascinación por la música a tí. Al menos queda su música, para invocar su energía y su fuerza cuando más lo necesite. Pero hoy no la quiero escuchar. Mañana tal vez. Pero hoy no.