¿Qué es el entorno sonoro? La pregunta puede parecer improcedente, pero no es tan así. Precisamente porque es algo que nos bombardea constantemente, incluso estando dormidos. Las cosas que nos acontecen diariamente muchas veces son más difíciles de definir que las peculiaridades. El sonido es algo que nos acompaña siempre, aun siendo sordo. Se podría definir el entorno sonoro como todo el acontecer sónico que llega a nuestros oídos. Todo: el sonido de la televisión, el ruido de la calle, una conversación a unos metros de distancia...
¿Cómo procesamos este entorno sonoro? Eso va a depender del tipo de fuente sonora y del tipo de sonido que esta fuente emita. Generalmente al tipo de sonido que se suele llamar “ruido” (que según el diccionario, es un “sonido inarticulado y molesto”, o sea, algo molesto para el oído) no se le suele poner mucha atención. Uno anda por la calle sin notar el ruido del tráfico, el ajetreo de la gente. Eso tiene que ver principalmente con nuestra cultura, que ha hecho una división a los tipos de sonido. Por un lado están los sonidos producidos con fines artísticos (la música), y los sonidos procedentes del quehacer cotidiano. Sin embargo, lo que para alguien puede ser música, para otra puede ser ruido, dependiendo del tipo de música y del contexto espacial y temporal en que ésta suena. Cuando uno anda por la calle y llega a nuestros oídos una melodía que nos cautiva, se le pone mucha atención y la disfruta de gran manera. Bueno, aquí cabe entonces preguntarse el porqué de la distinción que hemos hecho más arriba ¿Cuál es la diferencia última entre el ruido y la música?
Quizá la diferencia más grande es que la música es producida de forma intencional por el hombre, mediante herramientas hechas expresamente para tal fin. Se da por presupuestado también un fin artístico, estético. El entorno sonoro ocurre de forma más o menos espontánea en la naturaleza o en el ambiente urbano. Pero no hay que creer que ambas cosas sean categorías separadas. Hay que recordar que se suele decir que el arte es imitación de la naturaleza. Si la cosa realmente es así, entonces el modelo a imitar que la música posee es nuestro propio entorno sonoro. Llevado esto a las últimas consecuencias, se puede afirmar que en último término no hay mayor diferencia entre el ruido cotidiano y la música que las pretensiones estéticas de esta última. En última instancia, el entorno sonoro es la gran fuente de inspiración de los músicos. Las reglas armónicas son sólo auxiliares para el proceso creativo, si uno se apoya exclusivamente en ellas se corre el riesgo de dar a luz obras muertas. Ejemplos del poder del entorno sonoro sobre la música (y por extensión, de la naturaleza) podrían ser las “Cuatro Estaciones” de Vivaldi, o el hecho de que gente como Miles Davis solía prestar atención al ruido del ambiente cotidiano para crear sus fenomenales licks. Asimismo un tipo de música que no sea de nuestro agrado va a ser un ruido molesto, mientras que para otros va a ser algo agradable, por lo que se puede afirmar que no hay diferencia mayor entre una cosa y la otra. Por último, pensemos en las tendencias musicales más osadas del último siglo, como la música concreta, donde gente como Stockhausen usaba el entorno sonoro de forma directa, para luego manipularla y darle una finalidad artística. Así que lo más aconsejable para nosotros como músicos es abrir la percepción que solemos tener sobre nuestro entorno sonoro, ya que es una fuente de inspiración tanto o más importante incluso que los parámetros armónicos.