jueves, 23 de febrero de 2012

GRACIAS FLACO



Bueno, han pasado ya varios días desde la muerte de Luis Alberto Spinetta, y tenía muchas ganas de escribir algo sobre él. Pero me da tanta pena que no he sabido por dónde comenzar. Podría hablar en términos estadísticos, señalando su contundente discografía por ejemplo, pero no me tincó. Hablar de sus virudes como músico, una suerte de disección post-mortem de su obra musical, pero se me hizo muy frío, muy académico para alguien de quien siempre sentí que transmitía una gran calidez en su música. Pero hoy me dí cuenta que no quería hablar sobre él, sino que hablarle a él ¿Y de qué? Nada, que sólo quiero darle las gracias.

Gracias Flaco.

Gracias por los buenos momentos, por tu imaginación, por tu creatividad, por tu búsqueda. Por mostrarme que el Rock Argentino era algo real  y no un producto inflado por la prensa. Gracias por tu poesía, por esa energía suave que transmite tu música. Por tu virtuosismo, y obviamente por tus canciones. Fuiste un tremendo artista, gracias por eso y por muchas otras cosas que se me deben de quedar en el tintero. Tu música siempre fue sorprendente y eso en un ambiente tan prefabricado como el actual siempre se agradecerá. Gracias, Flaco querido.

Eso nomás quería decirte.


martes, 21 de febrero de 2012

MEGADETH EN CHILE

Registro íntegro de la actuación del colorado Mustaine y sus secuaces en el Maquinaria Festival el año pasado.



miércoles, 25 de enero de 2012

NOSTALGIAS

“ Desdichado aquel a quien sus recuerdos infantiles sólo traen miedo y tristeza.”
H.P. Lovecraft, “El extraño”

Apelar a la nostalgia es un movimiento comercial muy efectivo. El trillado refrán que reza que “todo tiempo pasado fue mejor”, y que tan arraigado se encuentra entre la gente siempre es una buena fuente de ingreso para el comerciante avispado. Es cosa de ver la cantidad de programas de televisión que se dedican solamente a mostrar imágenes llenas de telarañas y de polvo, pero que uno añora mucho más que los paseos al parque con los padres.
En la industria de la música este reciclaje se ha convertido en un insoportable ciclo de nunca acabar. En los 90 el revival fue setentero, la reunión con bombos y platillos del Kiss original por ejemplo, más allá de que hubiera un sector de fans que consideraban que discos como “Revenge” poseían una fuerza que no existía antes y que no justificase esa acción. En la década recién pasada la moda fue la tontera ochentera: todo lo que tuviera olor a plástico, a laca y sobre todo a kitsch fue valorado como lo más excelso jamás producido por la humanidad, cosa que es como mínimo discutible sobre todo si hablamos de la música pop producida en esta época. La década que acaba de empezar tiene todas las luces de convertirse en la época de la nostalgia noventera, de la vuelta del grunge y de sus derivados, independiente de la calidad que posean, es el hecho de pertenecer a esa etapa lo que santifica automáticamente tal o cual producto. Ya han aparecido grupos de Facebook con títulos tan peligrosos como “70, 80 y 90, la música que nunca pasa de moda”, que nos muestra que el fenómeno sigue tan vivo como siempre.
Es divertido ver cómo crecen tus amigos de infancia y darse cuenta de que aunque hayamos tenido una niñez de mierda, llena de traumas y penurias, siempre terminan idealizando esa época y todo lo que pertenece a ella: los padres, los juguetes, las películas, y la música. La evocación por una época pasada implica principalmente que no se está satisfecho con lo que se posee en el presente, y no porque el tiempo pasado haya sido mejor como suponen los ancianos, sino porque no hemos sido capaces de lograr las metas que queríamos, o mejor aún, que dichas metas ya han sido alcanzadas y nos hemos dado cuenta que la felicidad no se encuentra allí, que todo era una vil ilusión. Así las cosas ¿Vale la pena mirar hacia adelante, siendo que el futuro nunca es seguro? Claro que no, es mucho más seguro y cómodo mirar hacia atrás y ser feliz con la añoranza. En un mundo donde la comodidad es virtud, la nostalgia por el pasado es el estado mental más cómodo.
A mí personalmente la década de los 90, que se supone es la que me correspondería a mí, no me dice absolutamente nada. Mi época de colegial fue, por decirlo menos, penosa, así que me juré a mí mismo no echarla de menos. Para mí lo peor es cuando hay un carrete y empiezan a hablar de la época del colegio. Pero para no parecer amargado no me queda otra que sonreír, hacerme el hueón y simular que el tema me entusiasma. Eso no quiere decir que no tenga buenos recuerdos, pero yo no lo pasé tan bien como alguna gente pretende. Además, me da una impresión de falsedad tremenda cuando alguien pone un tema de Nirvana, y empieza a hablar de esa época como si realmente la hubiera vivido, siendo que lo más probable es que ese 1991 lo pasó tirándoselas mientras veía la tele.
La década del 90 fue la época del rock alternativo, del auge y la caída de la escena metalera en Chile, del triunfalismo económico y de la inmovilidad social. Una ola de protestas como las que se dio el año pasado habría sido impensable en 1995. Fue una década gris y monótona, porque vivíamos en el mejor de los mundos posibles, y el conformismo es la madre de la mediocridad. Se dio un intento de reavivar la escena local y muchas bandas fueron fichadas por multinacionales. De esa oleada quedaron con suerte cinco, pero eso es normal, sólo los fuertes sobreviven. Pero de seguro que muchos de los que se quedaron el camino van a aprovechar este revival para ver si pueden ganarse unas perras a costa del pasado. Así funciona la cosa. El mercado se encarga de avivar el sentimiento nostálgico porque muchos de los que fueron niños o adolescentes en los 90 hoy son adultos-jóvenes-triunfadores con poder adquisitivo (yo no soy uno de ellos claramente), así que se les vende una imagen de esa época que termina siendo más real que sus propias vivencias. Y lo digo sin ningún tipo de resentimiento ni nada, pero sí con pena, porque éste es un síntoma de que la moledora de carne sigue girando y con nosotros dentro de ella.
Por mi parte me resignaré a ver como una nueva oleada de nostalgia inunda este terruño. Una recomendación final: conserven todos sus discos de The Strokes, porque en un par de años más van a valer una fortuna, se los aseguro.


lunes, 5 de diciembre de 2011

Música? Y para qué?



La educación gratuita ha sido el gran tema de este año que se va. Una situación que se viene arrastrando de años al fin ya no ha dado más de sí, y el asunto terminó por reventar. La gente ha salido a pedir una mejora en el sistema, y los que manejan el sistema no han querido dar una solución (la única solución), porque si lo hacen se les acaba el negocio.
Con todo lo mediático que ha sido este movimiento, con toda la cobertura que ha habido en los medios, el gobierno (con esa mentalidad de gato de campo que caracteriza a la clase política chilena) nos mete un gol a todos por debajo y nadie se da cuenta, o mejor dicho, todos se hacen los hueones: se ha decidido reducir las horas de educación artística en los colegios. En los colegios que no la pueden costear obviamente, porque en los colegios donde estudian los hijos de nuestros políticos, muchos de los cuales ya deben tener asegurada alguna candidatura por ahí, esos colegios digo, evidentemente van a seguir teniendo música y arte en general, porque son colegios top.
A mí en realidad no me sorprende en lo absoluto que nadie (nadie conocido y con alguna cuota de poder) se pronuncie sobre el tema. A moros y cristianos esta es una medida que les importa un comino. Da lo mismo que le quiten horas a la educación artística, total esa hueá no sirve. Si escuchas música lo haces sólo para aturdirte, si compras un cuadro de Bororo es por una cuestión de esnobismo, de pose intelectual. Incluso es probable que el cuadro lo encuentres profundamente feo, pero como es algo muy top no importa. De la boca para afuera, como decía mi abuela. Esa es la valoración del arte en Chile. El arte como evasión, como anestesia. El arte como adorno. El arte como moneda de cambio para poder comprar y vender estatus.
Dada esta situación no es de extrañar que un grupo de ignorantes pelotudos cortos de miras tomen una medida semejante. Nada más peligroso que un imbécil con poder, acá quedó clarito. Además esta reducción horaria en el área artística se va a compensar con más horas en Matemáticas, una materia que sí sirve para esta vida. Es evidente que lo que se busca es un enfoque educacional pensado únicamente para crear buenos empleados, buenas nanas que les limpien el culo a sus nietos regordetes y rubios, y no a gente que aspire a algo distinto para su vida.
No voy a decir que se está formando a gente sin sensibilidad artística, porque ese es un argumento que me parece de una cursilería tremenda. Pero sí voy a dar el dato científico de que la música (sea escuchando o interpretando) aumenta la capacidad cognitiva, corrige el déficit atencional y estimula la interacción social. O sea que si sacamos la música del currículum hay una gran probabilidad de estar generando mayor inadaptabilidad social de la que ya existe. Platón, Rousseau y Nietzsche hablaron exhaustivamente de ese tema, lo que no es menor.
Si usted que está leyendo esto lo encuentra medio apocalíptico o exagerado, lo más probable es que en el fondo, por muy progresista que se crea, en el fondo usted piensa igual que los fachos que nos quieren hacer esta canallada. Hágase un examen de conciencia y sea sincero consigo mismo, que es la única manera de ser sincero con los demás.
Yo personalmente no quiero un país donde la cultura sea un lujo, sino que quiero un país donde la cultura no sólo sea un patrimonio de todos, sino que todos participemos en la formación de ese patrimonio. Pero para eso hay que entenderlo. Uno no puede amar lo que no conoce. Y la única manera de lograr eso es mediante una educación artística y de calidad.

jueves, 3 de noviembre de 2011

METALLICA: "Master of Puppets" en vivo

Para nadie es un misterio que "Master of Puppets" es el punto más alto de la carrera de Metallica. Un disco simplemente perfecto, de esos que no le sobra ni una sola nota, y que escucharlo siempre es bienvenido. El 2006 Hetfield, Ulrich y compañía decidieron nada menos que interpretar este álbum completo, conmemorando así los veinte años de la placa por ese entonces. El tango dice que veinte años no es nada, pero en el caso de Metallica no es así. Y no lo digo porque estén envejecidos musicalmente (de hecho este video nos muestra una banda muy sólida), sino porque los cambios desde 1986 han sido muchos:se cortaron el pelo,demandaron a sus fans, tocaron con una orquesta, grabaron un sospechoso álbum sin solos, y aún así siguen ahí dando guerra. Más allá de todo eso, escuchar a Metallica en vivo siempre es un placer, y más aún interpretando temazos como lo de este álbum. Ahí va.



viernes, 21 de octubre de 2011

BLACK SABBATH:"Born Again" (1983)

Cuando se habla de artistas que poseen una trayectoria prolongada uno siempre se enfrenta a ciertos clichés. El más manido es que dicho artista posee una etapa creativa que es virtualmente insuperable, y que toda la producción posterior se debe medir con esa vara, aunque sea de la misma calidad o incluso mejor que lo hecho en esa "etapa dorada".
Cuando se habla de Black Sabbath por ejemplo, la etapa dorada es la de los '70. Los discos con Ozzy al frente son el punto de partida del metal, tanto en su versión más pura ("Master of Reality") como en las diversas fusiones que se darían después ("Sabbath, Bloody Sabbath"). Nadie con dos dedos de frente discute eso, pero sería injusto que por esa sola razón se menospreciara la música hecha inmediatamente después a esa etapa, léase la época de "Heaven and Hell" y "Mob Rules".
Sin embargo hay otro cliché respecto a Sabbath: que después de que Dio dejara la banda nunca volvieron a sacar materialde calidad. Ciertamente la trayectoria del grupo se hizo más errática a partir de ese momento, pero no por eso dejaron de hacer cosas interesantes. Pruebade esto es "Born Again", que por otro lado corrobora uno de los lugares comunes más grandes: ese que reza que el gran arte surge de la adversidad.
Cuando Dio abandonó la banda en 1982, Tony Iommi se encontró en un gran dilema: seguir o no seguir. Cuando se resolvió que sí, el dilema fue quién poner a cantar. Después de harto tira y afloja el elegido fue nada menos que Ian Gillan, hombre proveniente de un mundo musical copletamente diferente. Nada más lejano a la música de Sabbath que Deep Purple. Pero este auténtico experimento que parecía no tener pies ni cabeza siguió su curso, ahí aparecieron las diferencias creativas, las tensiones y las diferencias personales. Todo eso quedó plasmado en la música. El disco disco se podría dividir en dos: por un lado los temas más pachangueros, como "Trashed", que narra una linda historia de sexo y drogas, que claramente se nutre de ideas provenientes de Gillan; y por otro los estrictamente sabáticos, como "Zero the Hero" (cuyo riff central Slash agarró y transplantó a "Paradise City"), que tienen la firma inconfundible de los Sabbath de siempre.
Hay mucha mitología respecto a este disco: que es el peor de la discografía del grupo (los discos con Tony Martin me parecen mucho peores), que la portada es fea (y vaya que lo es, pero en eso reside su encanto...). Ian Gillan contribuyó mucho a la construcción de ese mito. Tiempo después diría que "escuché la grabación y me dieron náuseas, luego ví la portada y más nauseas me dieron".  El disco suena francamente mal si es que se compara con la impecable pulcritud de los anteriores trabajos de la era Dio,  eso sin duda contribuyó a la mala fama de éste (y es que el auditor actual homologa sonido con calidad musical, siendo que algo puede sonar muy bien pero compositivamente ser malo, o al revés). Pero las canciones demuestran que no estaban secos creativamente. Se aspira en ellas un deseo de volver a las raíces, esto es, a la brutalidad formal y a la temática oscura. Y el resultado es tal que me atrevería a decir que "Born Again" es el álbum más oscuro de la banda desde los ya lejanos tiempos de "Paranoid". La atmósfera de los surcos es realmente asfixiante ("Disturbing the Priest", "Digital Bitch"), y los aullidos de Gillan suenan bastante bien junto a la guitarra de Iommi, que acá suena con una contundencia y un veneno que Martin Birch limpió mucho en los discos con Dio. Ni hablar de los solos, que suenan más punzantes que nunca.
Mención aparte merece el tema título, con una guitarra y el bajo de Geezer Butler con mucho chorus, construyendo una atmósfera muy lírica, pero monolitica a la vez. Sólo por este tema el disco merece la pena.

Como era de suponer, la gira posterior fue un completo desastre (a pesar de que los bootlegs que circulan por ahí dan cuenta de que la idea no era mala), y Gillan, que aceptó la oferta de unirse a Sabbath por apuros económicos, optó por irse del grupo. "Born Again" es quizá el auténtico canto del cisne del grupo, y es bastante probable de que pase un tiempo más antes de que se le reconozca como tal. Lo más recomendable es, pues, escucharlo y sacar propias conclusiones.







domingo, 9 de octubre de 2011

JOHN ZORN EN VIVO.

A veces en el inefable Youtube hay tanta cosa para ver y oír que uno llega al triste punto de no sorprenderse con casi nada. Pero siempre pasa que uno llega a algo que le devuelve la bendita capacidad de asombro. A veces uno se pilla con videos largos, como éste que nos ocupa, y es un verdadero placer.


John Zorn debe ser uno de los últimos de una gloriosa estirpe, una que empezó hace ya muchos años con Cage y Stockhausen, y cuyo último retoño podría ser Mike Patton (de hecho, la influencia de Zorn en la música de Patton es innegable). Es uno de los pocos que hoy en día siguen forzando los límites del jazz hacia otras fronteras, y por sólo ese hecho debería ser un deber escuchar su obra al menos una vez en la vida. Lo que acá se muestra es más que nada es la faceta de Zorn como director y como improvisador. Una banda de lujo (a destacar a Marc Ribot en las seis cuerdas, que a ratos me suena mucho al McLaughlin de principios de los '70) y una gran presentación, donde la música fluye a ratos cósmica y a ratos caótica, pero siempre libre, a merced del tira y afloja de Zorn. Un gustazo.