

El martes pasado para mí fue especial. Yo fui de los que se quedaron con la entrada en la mano en el 2003, cuando Metallica canceló a última hora su show en la Pista Atlética del Estadio Nacional. Así que para mí el 26 de Enero tenía un sabor especial, un sabor a desquite. Además, ya había visto el monstruoso show de Iron Maiden el año pasado, así que moría por ver de qué era capaz su contraparte norteamericana.
Criminal apareció con un buen par de minutos de retraso, y dieron cuenta del buen momento por el que pasa la banda hoy en día. La entrada con “Self Destruction” fue muy acertada y mostró porqué la agrupación de Anton y compañía ha terminado por convertirse en la experiencia metalera más sólida que ha salido de nuestro país, más allá de que sólo hayan dos chilenos en la banda hoy día. Criminal tuvo que pasar por los típicos problemas de sonido que le acontecen a las bandas que abren este tipo de shows, pero así y todo se las ingeniaron para llegar al público, que escuchó atento y aplaudió educadamente, sobre todo con los temas de sus dos primeros álbumes, los incombustibles “Victimized” y “Dead Soul”. Mención aparte para el baterista Nick Barker (Testament, Dimmu Borgir…), quien mostró poseer una técnica y un poder tremendos y un sonido demoledor, sobretodo en los bombos. Anton Reisseneger todavía debe estar feliz, porque cumplió el sueño del pibe y de paso demostró que en Chile su música aun pega y es respetada.
Una vez que el Sol se hubo puesto y los últimos compases de “Heavy Metal Thunder” de Saxon se desvanecieron, la bellísima música de “El Bueno, el Malo y el Feo”, cortesía de Ennio Morricone,comenzó a sonar, lo que marcó el fin de una espera de nada menos que once años y el comienzo de la euforia de los cerca de 60.000 fans y de una noche memorable. Metallica apareció y el Club Hípico se vino abajo. El comienzo con “Creeping Death” no pudo ser más golpeador. Yo he escuchado quejas de alguna gente acerca del sonido. Ciertamente en los tres primeros temas hubieron problemas, pero después de esto el sonido fue sencillamente arrollador. Contundente, pero muy cristalino a la vez. Las mayores quejas han venido de la gente que se colocó atrás de la torre, pero yo digo que si vas a gastar $28.000 será por estar lo más cerca posible y no para ver la cuestión por pantalla gigante (de los de Cancha VIP no hablo porque no vale la pena gente que avala ese tipo de prácticas). Para eso con la misma plata me compro el DVD que la banda grabó en México D.F. (muy buen material dicho sea de paso) y lo veo en mi casa sentadito en el sillón con una cervecita en una mano y su cigarrito en la otra…
En lo estrictamente musical, Metallica demostró que los problemas y crisis que la banda padeció en tiempos anteriores han quedado atrás definitivamente. Sonaron fuerte, compacto, y se notaron muy compenetrados entre sí. James Hetfield, además de ser uno de los mejores guitarristas rítmicos hoy por hoy, conserva su carisma, su comunicación con el público y su particular sentido del humor (la que se mandó en "Nothing Else Matters” fue de antología). Robert Trujillo, simplemente notable. Su forma de tocar se acerca mucho más a la del inconmensurable Cliff Burton que Jason Newsted, lo cual le da una contundencia al sonido que Metallica había perdido. Kirk Hammett mostró que su habilidad con las seis cuerdas no ha decaído y que continúa soleando como de costumbre y usando el wha a la pinta suya. Y Lars Ulrich…bueno, sería majadero decir que su forma de tocar está lejos del estilo técnico, innovador y visceral que exhibiera antaño (de hecho se anduvo trabando en un par de canciones), pero así y todo su saber hacer está ahí, y cuando quiere lo saca a relucir de forma notable.
¿Los puntos altos? Mmm...… además de los temas ya mencionados, yo diría “The Four Horsemen”, “Harvester of Sorrow”, “Fade to Black”, “Fight Fire with Fire” y “Seek and Destroy”, pero sin duda alguna lo más apoteósico de la jornada fue “One” (con esa orgía de luces y fuegos de artificio), seguida de una tremenda “Master of Puppets”: más de quince minutos de canto y vacilón imparable. Los temas de su último álbum mostraron a una banda que no se ha quedado en el pasado y que aún siguen vivos como fuerza creativa (a pesar de las deficiencias notorias en el sonido de “Death Magnetic”).
Para finalizar me gustaría añadir que es en este tipo de eventos donde se demuestra la vigencia de los grandes dinosaurios del rock, y Metallica se validó a sí mismos con creces. Es de esperar que no se demoren once años más en volver, y que las productoras dejen de especular con la ansiedad de la gente ¿Qué es eso de la cancha VIP? ¿$30.000 la cancha general? Esto es algo muy propio de Chile: para darte una mano nadie se ofrece, para meterte un coligüe por el poto hacen fila. ¿Porqué tan cara una entrada? ¿Lars cobra en monedas de oro, no en dólares? Y lo dejo hasta acá porque ya me piqué. Grande Metallica. Que se jodan las productoras.
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